jueves, 9 de agosto de 2007


ADAPTAR LA TERAPIA PSICOLÓGICA A CADA DELINCUENTE: PSICOLOGÍA EN LAS CÁRCELES
// fecha de publicación lunes, 31-jul-2006
Enviar Imprimir
ISSN 1886-1385 © INFOCOP ONLINE 2007

Tal y como publicaba el pasado miércoles el Diario Médico, en el mundo hay cinco millones de presos. Indicaba que, tan sólo en Estados Unidos, están recluidos dos millones de personas (700 por cada 100.000 habitantes); así como que, las cárceles españolas albergan a 63.000 presos (140 por cada 100.000 personas); de los cuales, el 30 por ciento son extranjeros y 5.000 mujeres.

En España, la estancia en prisión tiene un interés e intención rehabilitadoras, es por esta razón que se insiste en el cambio de conducta de los presos. Con el objetivo de favorecer este cambio conductual, se han propuesto e incluido actividades como el tratamiento psicológico en prisión, ofrecido a través de terapia individual y de grupo.

Según explicaba Juan Romero Rodríguez, psicólogo de la Prisión Provincial de Pamplona y autor del libro "Nuestros presos: cómo son, qué delitos cometen y qué tratamiento se les aplica" al diario digital, "un psicópata no tiene nada que ver con un agresor sexual, un ladrón o un traficante. Su problema es diferente y su diagnóstico y tratamiento deben estar adaptados".

Continuaba aclarando que, por ejemplo, en relación a la violencia doméstica, los agresores de sus esposas pueden permanecer encarcelados de uno a tres años. "En estos presos el tratamiento está dando buenos resultados. Hay que analizar con el interno por qué ha perdido el control y ha golpeado. Se intenta controlar la impulsividad y mejorar el sentimiento de empatía con la víctima. Un 40 por ciento de las personas encerradas por agresiones no acepta la terapia; creen que no han hecho nada y culpan a su esposa. Sin embargo, la reducción de los beneficios penitenciarios y, sobre todo, verse en un ambiente carcelario cuando él se consideraba una persona normal, ayudan a que se replantee su situación".

Explicaba Romero que, sin embargo, en el caso de traficantes, al igual que proxenetas y personas que trafican con inmigrantes, se da una situación en la que piensan que de no haber cometido ellos el delito lo hubiera hecho otra persona. "En estos casos las cortapisas morales que poseen todas las personas no han funcionado. El preso se considera un superviviente que cree que la vida es una jungla y él debe aprovecharse de los más débiles. La terapia se basa en la reestructuración de su moralidad".

Los dos casos seleccionados, ilustran con claridad la necesidad de adecuar los tratamientos psicológicos e intervenciones al tipo de perfil con el que se está trabajando, de forma que la intervención se oriente y adapte a las necesidades y características particulares de cada preso. Los psicólogos penitenciarios que tratan a estos reclusos, intentan realizar un diagnóstico preciso que permita delimitar los objetivos de intervención en cada caso y así ofrecer un tratamiento y herramientas que, junto con las medidas penales, permitan una modificación de la conducta.

2 comentarios:

maite dijo...

Es de gran satisfaccion saber que en otros paises como españa se intereze por que se den terapias psicologicas en las carceles y de esta manera conbatir la delincuencia y de esta forma tratar los problemas de conducta.
Nota:Seria impotante que en nuestro pais contara con la importancia necesaria a los problemas de conducta dentro de las carceles ya que tiene un indice muy alto de problemas de esa misma indole y que no son tratados con totalidad.

Raul dijo...

Definitivamente todo recluso necesita ATENCION ya que su conducta puede ser modificada con terapia y canalizar sus conflictos mas adecuadamente con el tratamiento mas apropiado segun el Diagnostico y potencialmente pueden llegar a reintegrarse a la sociedad .
Creo que en El Salvador como muchos paises en el mundo se estigmatiza al encarcelado al que llaman delincuente, como que si fuera una persona diferente, "mala" .... Pero en realidad su inmadurez emocional ,el desorden de personalidad, conflictos no resueltos desde su niñez temprana, hacen que la persona asuma determinada conducta, en este caso inadecuada ante las normas y reglas establecidas por la sociedad.

Por: Raul Ernesto Alvarenga.